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5 Pasos Para Revivir Un Matrimonio Muerto

¿Estás dispuesto a ceder este día de San Valentín? ¿A endurecer tu corazón, empeñar tu anillo de bodas y simplemente irte?

Nada duele tanto como un matrimonio fracasado, y no hay soledad más intensa que vivir con un extraño, especialmente uno que solía ser tu mejor amigo.

¿Cómo llegaron hasta ahí? ¿Hay una forma de volver al amor que una vez conocieron? ¿A esa etapa de andar tomados de las manos jurándose el uno al otro que nunca se dejarían?

La respuesta es un inequívoco sí. El Dios que levantó a Cristo de entre los muertos y quien respiró vida en los hombres puede respirar vida en tu matrimonio moribundo. Eso no significa que será sencillo, de hecho, se lleva mucha oración, fortaleza interna, perseverancia y rendición, pero valdrá la pena. Valdrá mucho la pena. Miremos de cerca estas cinco etapas hacia la sanación matrimonial.

  1. Oración

Denise Friesen, la cofundadora del ministerio matrimonial sin fines de lucro, SOS Marriage Care, Inc., nos recuerda que Dios es el diseñador del matrimonio y por tanto debería ser nuestra principal fuente de sabiduría. “Muchas veces es más sencillo tomar el teléfono y llamar a un amigo para discutir acerca de tu matrimonio moribundo” dice, “de lo que es hacer lo apropiado e ir a Dios primero por su orientación”.

Acudir a nuestros amigos puede crear numerosos problemas. La perspectiva de la humanidad es directamente opuesta a la de Dios. En nuestra cultura de dar y quitar, muchos te motivan con una solución enfocada, incluso aquellos en la iglesia. Esto no es intencional en su parte. Por tanto, viene de tener una naturaleza pecadora mientras vivimos en un mundo pecador y decepcionante.

“Hemos estado viviendo una mentira en la sociedad que ha causado estragos en muchos matrimonios” dice Friesen. “Esta mentira nos dice que nos casamos para ser felices por el resto de nuestras vidas y de que nuestra esposa/o es responsable de hacernos felices. Cuando eso no ocurre, nos hacemos amargos y molestos de que nuestras expectativas no se cumplieron. Esto es muy diferente de la forma en que Dios diseñó los matrimonios y su funcionamiento. Dios diseñó los matrimonios para abarcar esposos que mutuamente se completen el uno al otro y que se sirvan el uno al otro sin interés”

Hay un segundo problema al acudir con nuestros amigos primero: hacerlo puede aumentar nuestra negatividad y amargura. Primero, nuestros amigos solo escucharán un lado, que será el nuestro –el único lado que conocemos. Esto muy rara vez nos ayudará a cavar más profundo, hacia la raíz del problema. Muy probablemente nuestro amigo validará nuestros sentimientos convirtiéndose en nuestro aliado en esta “guerra”. Lo que necesitamos no es alguien que nos haga luchar más en la batalla si no alguien de paz que nos ayude a hacer que nuestra forma funcione.

El rol de un mediador es uno duro de llevar, uno que requiere fortaleza, honestidad y sabiduría cristiana. Pocos amigos tienen la fortaleza y el coraje de decir la verdad en cuanto a nuestra situación, especialmente cuando estamos atravesando un momento duro. Sin embargo, Cristo, el príncipe de la paz actúa como este mediador a la perfección, y él está listo y disponible para guiarnos a través de los peores problemas en la relación. El Único que nos reconcilió con Cristo nos ha dado el rol de la reconciliación. Más que eso, nos ha dado todo lo que necesitamos para llenar ese rol, si buscáramos su sabiduría y siguiéramos su llamado.

  1. Rendición

Rendirse significa ceder a todos nuestros derechos, expectativas y deseos por la causa de Cristo, por obediencia a él. Este paso no tiene nada que ver en lo absoluto con nuestros esposos. En otras palabras, no importa si pensamos que nuestro esposo merece nuestras acciones centradas en Cristo o no. Cristo sí. Él dio todo, su propia vida para que nosotros pudiéramos vivir, y él nos pide que demos nuestras vidas a él.

Romanos 12:1-2 dice, “Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional. Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto.”

Noten que este verbo no dice “En vista de todo lo que tu esposo ha hecho” o “Porque tu esposa se disculpó genuinamente” o siquiera “Porque si haces X e Y todo te saldrá bien.

No. Dice, “Por todo lo que él (Dios) ha hecho por ti” el ser más grande dando su vida para que pudiéramos vivir. Por eso, Pablo te insta a que des tu vida de vuelta a él. Esto significa vivir de la forma que Dios desea que lo hagamos sin importar el resultado.

Esto trae la pregunta, ¿cómo quiere Dios que vivamos? De acuerdo a Jesús la respuesta a eso es relativamente simple. Estamos para amar a Dios con todo lo que tenemos y amar a otros como a nosotros mismos. El problema de la mayoría de los matrimonios es que tenemos la última parte de ese mandamiento distorsionada. Nos amamos a nosotros mismos como nos gustaría que otros nos amaran. Mientras tanto, nuestro esposo está haciendo lo mismo, llevándolos a tener resultados desastrosos mientras cada uno de nosotros alimenta nuestra negatividad y amargura, llegando posteriormente a la separación.

Sin embargo la manera de Dios nos lleva a la vida, amor, intimidad y libertad. Y esta libertad a menudo viene luego del tercer paso:

  1. Perdón

Por años, soporte mi dolor, alimentándolo hasta que el mero pensamiento de un evento o persona me sacaba de mis casillas. Sabía que necesitaba perdonar, que Dios me había mandado a hacerlo, pero estaba consumida por toda la injusticia, me negaba a dar ese paso. Como resultado, estuve cada vez más molesta hasta que esta rabia comenzó a drenar mi vida diaria. Me volví impaciente, fácilmente irritable y me ofendía fácilmente. La falta de perdón se convirtió en un veneno que robó mi alegría y me alejó no sólo de quien me había herido sino de todas mis relaciones.

Una noche mi grupo de estudio local de la Biblia lanzó un estudio acerca del perdón. Al concluir el estudio se nos invitó a escribir en un trozo de papel el nombre de una persona o evento que nos haya herido profundamente. Luego debíamos lanzar ese papel en una hoguera encendida en el patio de la casa del anfitrión. Mientras lo hicimos, teníamos que liberar nuestra rabia, escogiendo perdonar y pidiéndole a Dios que nos diera la fortaleza para actuar según esa elección.

Esa noche, mientras vi las llamas arder, con el trozo de papel en la mano, entendí: Dios no quería que perdonara por el bien de la otra persona. Quería que lo hiciera por mi propio bien. El anhelaba liberarme de la amargura que me robaba la paz y la alegría que él quería otorgarme.

No puedo explicar la alegría increíble y la sanación que este entendimiento trajo, y la paz abrumadora que tuve una vez que liberé el dolor, la rabia y necesitaba vindicación en Cristo. Ese momento me hizo el camino para un gran crecimiento interno y me permitió proceder con intención en vez de hacerlo con reactividad emocional., En otras palabras, me hice proactiva acerca de mis relaciones y determiné reconstruir lo que había estado perdido.

Esto me lleva al cuarto paso a través de la sanación espiritual:

  1. Lucha con todo lo que tengas

Lucha –no con tu esposa, sino por ella. ¿Acaso no es eso el amor incondicional? ¿No es ese el tipo de amor que anhelamos? ¿Un amor que nos vea cuando estamos en nuestras peores condiciones pero elija recordarnos en las mejores? ¿Un amor que se convierta en nuestro apoyo cuando sentimos que nos vamos a derrumbar? Uno que mire más allá de nuestras acciones y reacciones, nuestro corazón—un corazón que usualmente no se revelará hasta que todo el miedo de abandono y retaliaciones se haya ido.

Este tipo de amor es fuerte, no viene naturalmente. De hecho, inicialmente, nuestro corazón sobreprotector puede luchar con este. Cuando esto ocurre, podríamos necesitar buscar refuerzo. Nunca tengas miedo de usar la palabra con T—Terapia. A menudo he dicho que mi esposo y yo tenemos nuestro terapeuta porque hemos buscado ayuda en tantas ocasiones. Hacerlo nos ha dado las herramientas que necesitamos para lidiar con asuntos complicados y resolver conflictos de forma efectiva. Vernos con un profesional también nos ha dado un lugar para hablar abiertamente hasta que encontremos la raíz del problema.

¿Recuerdas los votos que dijiste el día de tu boda? ¿Amar, querer, honrar, cuidar al otro en las buenas y en las malas? Este día de San Valentín, Dios te está dando una oportunidad para que lleves tus palabras a las acciones—para que cumplas tu promesa. Más que eso, él te dará la fortaleza para hacerlo, si te quedas en la lucha. Por el tiempo que dure, sin confiar en tu esposa y su habilidad de cambio, ni siquiera en ti, sino en Cristo y en Su habilidad para transformar de forma radical.

Porque nada— ¡nada!—es imposible para Dios. Así que descansa en él, confía en él, y caminando hacia adelante en la libertad y fortaleza que Él provee, escoge confiar otra vez, hoy.

Esto me lleva al paso cinco…

  1. Escoge la esperanza y siempre permanece listo para comenzar de nuevo

Amo Lamentaciones 3:23 cuando dice “la piedad se renueva cada mañana”

La pregunta es, ¿nosotros también? ¿Podemos comenzar renovados hoy, ofreciendo a nuestra esposa esa nueva oportunidad? Eso no significa que no lidiaremos con los problemas que debilitan nuestro matrimonio, significa que los veremos con unos anteojos diferentes, unos de amor y esperanza.

No será sencillo. El amor y compromiso a largo plazo nunca lo es. Pero nunca encontraremos la intimidad que anhelamos si nos vamos, porque el problema no yace por completo en nuestra esposa. Hasta que aprendamos a resolver los conflictos de la manera de Dios, acudiendo a él en oración, siguiéndolo con todo el corazón en lo que sea que nos pida hacer, y luchando por aquellos que amamos con todo lo que tenemos, continuamente nos moveremos de una relación fracasada a la otra. Pero si nos apoyamos en Cristo, confiando en su sabiduría, fortaleza y poder obrando dentro de nosotros, podemos encontrar sanación, restauración y un amor más profundo del que hemos podido imaginar.

¿Cómo lo sé? Porque he estado allí, y permaneciendo en el otro lado de la pelea, preparándome para un aniversario de 20 años, nunca regresaré hacia atrás.

Jennifer Slattery vive en el medio oriente con su esposo e hija adolescente. Ella escribe para Ministerios de Cristo para el Mundo, Devociones de Café en Internet, y mantiene un blog devocional en JenniferSlatteryLivesOutLoud. Su trabajo ha aparecido en numerosas publicaciones y proyectos de compilaciones, actualmente escribe novelas de romance misionero para New Hope Productions.

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